Ciudades de Francia registraron una jornada de protestas.
Manifestantes levantaron barricadas, incendiaron contenedores y bloquearon vías de circulación, mientras la policía utilizó gases lacrimógenos. Las protestas interrumpieron el transporte público y dificultaron la circulación. Comercios del centro de las ciudades cerraron sus puertas.

Las autoridades reportaron decenas de detenciones por presuntos delitos de atentado contra la autoridad y vandalismo. El Ministerio del Interior desplegó al menos 70.000 policías en el país, y el Gobierno movilizó a efectivos de Sentinelle.
Según algunas versiones, los efectivos de Sentinelle fueron desplegados para vigilar puntos estratégicos; para otras, su tarea era vigilar edificios e instalaciones estatales.
